
En 2008 tres jóvenes, Marta Guerras, Mónica Miranda y Egoitz Sánchez dicen en sus respectivas casas aquello de “Mamá, quiero ser artista”. Llenos de ilusión y mucha inconsciencia inocencia, abandonan sus carreras de provecho para lanzarse al abismo de la interpretación. Así es como se conocen en la RESAD y claro, en ese Gran Hermano –no referenciando al de George Orwell, sino al de Mercedes Milá- entre tanto roce y tanta pasión compartida, se hacen inseparables.