Mucho antes de nuestro mundo globalizado, los textos viajaban, establecían rutas, conexiones culturales… España, Flandes, Inglaterra… Y había personas cruzando fronteras, llevando palabras de un lado a otro: de Cervantes a Shakespeare. Una de ellas traduce, media, hace posible que los dos genios se entiendan. Y nadie lo mira. Es El trujamán de Cervantes y Shakespeare.
Existieron miles: traductores, intérpretes, mediadores. Gente que sostuvo la historia sin firmarla. Conversos, forasteros, invisibles.
Así lo cuenta Pepe Zapata, autor de esta propuesta de Teatro de Dos que tomó forma y se desarrolló en las segundas residencias artísticas del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro: “La obra nace de una pregunta incómoda: ¿valió la pena existir sin ser visto? Y de una certeza: vivimos rodeados de trujamanes. Cuidadoras, técnicos, repartidores, intérpretes. Gente que cruza para que otros se entiendan. Y desaparece en el acto”.
El trujamán de Cervantes y Shakespeare da voz a “quien nunca pudo hablar. Teatro de palabra. Un actor. El viento que entra y sale. Y la pregunta que queda flotando”.





